¿Cuánto hace que le conozco? ¿Cuánto hace desde que Thoribas me habló por primera vez de los Centinelas de Elune? El tiempo pasa volando cuando los problemas ocupan tu mente, apenas percibes el paso de éste. Soy incluso incapaz de recordar cuándo fue la última vez que vi a mi familia o a Ayshlad.
- ¿En qué piensas?
Sacudo la cabeza, despertando así de mi estúpido ensimismamiento. Miro a Thoribas quien, aparentemente, llevaba un rato observándome.
- Ugh…
Alza las cejas, prestándome atención cuando me llevo una mano al vientre.
- Tranquilo, sólo ha sido una patada.
Y de las gordas, por si fuera poco. A pesar de todo, sigue alertado. Afortunadamente hemos dejado nuestras discusiones sin sentido. Estoy casi segura de que se debían a Ventormenta, a que a él le agradaba tan poco esa ciudad como a mí. O, simplemente, puede deberse a Vallefresno. Su paz, su armonía, su belleza.
- ¿De cuánto estás?
- Aún queda, descuida.
Prefiero evitar el tema. Estoy en el último mes, me queda nada. Sin embargo, si se lo digo, querrá que no participe en batalla, querrá que me vaya.
Había olvidado lo que era ver un amanecer en Vallefresno. Es lo más hermoso que jamás he visto.
Cuando Thoribas se acostó, fui a dar un paseo. Me bañé en un lago cercano y me quedé tendida sobre la luna. Su piel es de un color parecido y… Y yo soy estúpida, completamente estúpida. ¿En qué narices estoy pensando?
El día pasa lento y tranquilo. Se ha puesto ya la ropa de batalla, así que iré también a por la mía.
- Tú te quedas- me dice.
- ¿Perdón?
- No vas a luchar en tu estado.
Estoy perfectamente. No lucharé cuerpo a cuerpo, de modo que al bebé no le sucederá nada. Me clava la mirada, SU mirada. Le doy la razón y le deseo suerte. Me desquicia, consigue lo que quiere de mí. Me veo irremediablemente obligada a amarle u odiarle. Destraciadamente es lo primero. Me estoy volviendo loca.