OOC: Nos mudamos

Llevo un tiempo utilizando BlogSpot para publicar también los relatos que aquí expongo y he decidido, finalmente, dejar de actualizar en WordPress. No por nada en especial, dado que me gusta bastante, pero allí tengo más seguimiento sobre quién me lee y puedo seguir los relatos de ellos con mayor facilidad también.

Asimismo, podéis ir a Guardiana de Elune en BlogSpot haciendo click aquí.
Aprovecho este mensaje para agradecer los constantes ánimos y comentarios de  quienes me leen, sea con las historias de este personaje, con las historias de mis otros personajes… o con las mías propias originales. Escribo por escribir, porque me gusta, por afición… y sois quienes me animan a superarme día tras día. Muchísimas gracias a todos.

Sandra Muñoz (a.k.a. Alherya Brisalbor)

Vacío

La sensación de vacío me invade por completo. Quiero gritar, pero me he quedado afónica. Quiero llorar, pero mis ojos se han secado ya. Unas pisadas me advierten de la llegada de Enthelion, así que me seco rápidamente el rostro. No quiero mostrar tal signo de debilidad.
- No, no… *murmura*
Yo misma hablaré con Jenal más tarde. Es algo que debo hacer yo, por más que me insista. Se lo debo a Erglath, es lo mínimo que puedo hacer por él tras haberle fallado. Jamás debí permitir que Baenre se lo llevara, debí dejar que Thoribas fuera tras él para recuperarle. Debí buscarle con más ahínco. Realmente agradezco que quiera ahorrarme el mal trago, pero necesito unos minutos antes de acudir. Cuando me doy cuenta, estoy a punto de ponerme a llorar otra vez.
- Vamos, tendrás mejores cosas que hacer- le digo mientras me esboza una triste sonrisa. No necesito que nadie sienta pena por mí.
Enthelion finalmente se dirige hacia un Kaldorei que se halla en el Barracón, señalándole que se ha equivocado de lugar. Es el momento adecuado para irme.

Ahora ya todo ha pasado, pero debo mantenerme firme y no perder el norte. Debí haberle dado por perdido cuando Baenre se lo llevó, así no estaría sufriendo del modo en que lo hago. Pero es mi pequeño, mi hijo. Cuando regreso al Barracón para descansar, Enthelion está jadeando. En cuanto me acerco, enfunda el arma.
- ¿Quién era el elfo de antes?
- Fue quien me lo hizo- dice, señalando su cara.
Me acompaña al interior de la estancia, donde me siento en un banco y apoyo la espalda con la pared, cerrando los ojos. Silencio… Ahora el silencio se ha vuelto mi refugio y, de no ser por el Centinela, me aovillaría en la cama y volvería a llorar silenciosamente.
- Querrás estar sola. Nos vemos más tarde, Dalria.
Le miro marchar mientras se lo agradezco. Es la segunda vez que me deja sola cuando lo necesito, sin necesidad de que le diga nada.

Debo haberme quedado dormida, pues la runa es quien me despierta.
- Llegaré mañana a la ciudad, Dalria- dice Thoribas.
Cuando le doy las gracias y me pregunta por qué, ni siquiera yo misma sé por qué se las he dado. Necesitaba que regresara en cuanto le he dado la noticia, le necesitaba a mi lado para tener alguien en quien apoyarme, alguien que me abrazara y consolara… Pero la soledad ha sido mi única compañera en tan duro golpe. Enthelion se acerca y me oculto tras el biombo para cambiarme de camisa.
- Oh, por Elune… Ni aunque lo hiciera a propósito podría ser tan inoportuno.
Me río estúpidamente mientras me acerco a él. No quiere que me preocupe por lo que suceda… pero quiero mantener la mente ocupada, no pensar más en el tema.
- Hay cosas más importantes sucediendo fuera de nuestra ciudad como para afligirse por la pérdida de un ser querido- le digo.
- Admiro tu valor, Dalria, pero una pérdida es lo suficientemente importante como para superar a los vestigios de la plaga en Villa Oscura. No pretendo darle más importancia de la que tiene, pero creo estar en lo cierto.
¿Valor o… estupidez? No lo sé, tan sólo quiero seguir adelante, alejar de la mente la muerte de mi hijo. No quiero recordar qué ha sido para mí tener que ver la pequeña tumba abierta, cómo han puesto su cuerpo inerte en ella para luego cubrirlo con tierra.
- Sinceramente, esperaba contar con Thoribas para el entierro.
- Oh, Thoribas. ¿Os conocíais de antes?- me pregunta.
Lo cierto es que le conozco únicamente desde mi entrada a la Orden, pero pareció preocuparse con cada patada que Erglath me daba desde mi interior. Por ello, creí que acudiría… pero en su lugar había estado Jedern, el druida encargado de darme la noticia, quien había hallado su cuerpo.
- Iré a darme un baño, volveré en un rato.
Le sigo con la mirada. Esta vez no necesito estar sola, necesito estar con alguien para no derrumbarme, para no caer al vacío que intenta arrastrarme a él.

Añicos

Las últimas horas de sol me acompañan mientras me baño, colándose entre las frondosas copas de los árboles y sus ramas. Al menos aquí no tiene que pelear con las nubes por ver quién se interpone, siendo una clara derrota para él. Las últimas gotas de agua desaparecen de mi cuerpo lentamente tras mi baño. Todo está en calma, en un silencio aparentemente inquebrantable. Pero la tranquilidad nunca es duradera, ¿qué será lo que la rompa?
Enthelion se acerca, siempre propenso a pillarme en mitad de mis baños. Me recoloco la toalla, cogiendo la ropa seca y yéndome tras el gigantesco tronco caído para cambiarme, avergonzada. Entretanto, le pregunto a Thoribas, quien se halla en Dolanaar, si ha escuchado los rumores respecto a la Guardia de la Luna. No puedo evitar estar en todo, tenerlo todo en mente y bien presente. Esto me ha servido únicamente para ver que está al día y que sabe, como Enthelion y yo, que es un falso rumor.

- ¿Te ocurre algo, Dalria?- dice Enthelion, interrumpiendo mis pensamientos.
Aún sigo creyendo que podríamos haber hecho algo por Astranaar, aunque él prefiere que deje de darle vueltas. Irme un par de días a Ventormenta para ponerme al día respecto a Villa Oscura no le parece una buena idea, puesto que se están ocupando ya de ello.
- No deberías inmiscuirte en ese tema, créeme.
Hay demasiada paz, demasiada calma… Normalmente me gusta, pero no ahora, no tras lo acaecido en Vallefresno, en Dun Morogh, en Villa Oscura… Pero creo que sabré aprovecharla. Ya que no hay nada que pueda hacer aquí y en Darnassus tan sólo pierdo el tiempo, dejo que Thoribas se encargue en mi ausencia. Voy a aprovechar para hacer algo que llevo tiemmpo deseando; dar con mi hijo.
- Tengo… un asunto pendiente aún, así que me pondré con ello- le anuncio a Enthelion, poniéndome en pie y acercándome a mi sable.
- ¿Quieres que te acompañe, Dalria?
- No, es algo… personal.
No quiero que nadie más se inmiscuya en nada personal, no quiero volver a pasar por algo como el engaño de Thoribas. Partiré de inmediato, y no sé cuánto tardaré, pero espero que me avisen si se me necesitara. Al menos, ésa es mi orden.
- No recorras las calles cuando anochezca- me advierte, sonriendo irónico-. Humanos, enanos y alcohol. Mala combinación, créeme.
Eso me ha recordado algo que preferiría haber olvidado.

Finalmente pongo rumbo a Rut’theran, para allí coger el barco que me llevará a Auberdine. Una vez allí… No sé adónde ir, pero será mejor coger el barco a Ventormenta y, después, el tranvía subterráneo a Forjaz. Quizás allí sepan algo. Una vez llega el barco al muelle de Rut’theran, veo cómo un elfo de cabellos verdes y ojos ambarinos desembarca, portando en sus brazos una especie de paquete envuelto en una tela. Tras él, una Centinela le acompaña, deteniéndose frente a mí.
- ¿Dalria Brisa Nocturna?- me pregunta la Centinela.
Asiento, mientras ambos Kaldorei se inclinan ante mí y él se acerca. Presiento que son malas noticias lo que van a darme.
- Señora, Jedern para serviros- se presenta-. Hemos hallado el cuerpo de vuestro hijo en Canción del Bosque.
Mi corazón parece haberse detenido. Jedern, el Kaldorei, destapa ligeramente el cuerpecito de Erglath, volviéndolo a cubrir con la tela cuando veo su pequeño rostro. Acto seguido, me entrega una nota, que dice  haber encontrado cerca del cuerpo.
Hijo de Dalria Brisa Nocturna

Procuré no derrumbarme ante la sensación de vacío que me invadía, ante el terror. Jedern se encargará del cuerpo hasta que lo haya preparado todo para enterrarle, así que me dirijo rápidamente hacia el Barracón para desahogarme un poco. Me tumbo en la cama, cerrando los ojos con fuerza. Ahora tan sólo quiero oír su voz, estar a su lado, que me rodee con sus brazos aunque sea una mentira.
- Thoribas, ¿estás…?- soy hasta incapaz de usar la runa, pero respiro hondo mientras intento contenerme-. ¿Estás disponible?
– Estoy en Dolanaar, ya te lo he dicho. En cuanto acabe estaré disponible.
- Es… Es Erglath, Thor.
– ¿Ha vuelto? Vaya, parece que se ha dignado a aparecer. Dile que no se moleste en volver a darme la…
– Acaban de traer su… su cadáver en el barco para…
Me siento incapaz de seguir. Me falta el aire, la sala empieza a dar vueltas a mi alrededor y tengo el rostro empapado en lágrimas. Todo mi embarazo, el parto y lo poco que estuve con mi pequeño… todos los recuerdos que guardo de él vuelven a mi mente, haciendo que mi llanto se intensifique.
- Lo siento- murmura el Archidruida.
A pesar de que le digo dónde me encuentro, no va a venir. Me envía a hablar con Jenal, el enterrador de la ciudad, pero ahora mismo no me veo con ánimos. Enthelion se ofrece, pero les digo a ambos que tan sólo necesito un rato para reponerme. ¿Realmente se me pasará en un rato?

Mi corazón parece haberse resquebrajado, congelado, hecho añicos… Todo por cuanto quería luchar, todo cuanto quería hallar para cuidarle, quien se había convertido en el centro de mi propia existencia aunque no me hubiera dado cuenta… Ya no estaba.

Idiota

Han pasado unos cuantos días desde que Enthelion partió a Villa Oscura para ver qué sucedía. Después de recoger un sobre del buzón, subo al Barracón para abrirlo y leerlo. Es de él.

Saludos, Dalria.
Los campesinos siguen yendo camino a Ventormenta, aterrorizados. La voz suena en su cabeza, hay algún enfermo más y el miedo invade a cada persona que aquí se encuentra, no se salva nadie. De momento están llegando distintas congregaciones e individuos independientes con el fin de destapar el misterio, estaré atento a cada noticia. Nunca he visto nada igual.
Que Elune ilumine tu camino, Dalria.

Decido sacar la runa de mi bolsillo y ver cómo se encuentra, asegurándole de que pondré a Thoribas al día con la misiva que me ha enviado. Es un buen chico, no me perdonaría no retirarle a tiempo de allí si algo le sucediera. Realmente me inquieta lo que allí sucede, pero aunque fuera no serviría de nada.

———————–

Ahora está en Dun Morogh. La Horda ha atacado a los enanos y él ha decidido ayudar. Parecen haber retrocedido por el momento, pero se espera que estén recuperados para dentro de cinco días. Le han ofrecido volver a su hogar hasta entonces, y si esta noche sigue en orden, regresará para descansar unos días.
– Abatieron mi sable cuando me dirigía a Thelsamar- me dice.
Me ofrezco para conseguirle uno, y accede tras decirme que compruebe que sea fuerte. En el Enclave Cenarion observo los que hay y me fijo en una preciosidad de pelaje blanco, fuertes patas y buenos colmillos. Estoy segura de que le gustará y, de no ser así, es que no tiene buen gusto para los sables. La monto durante un rato y la pongo a prueba. Es ágil y dócil también. Simplemente, perfecta. La devuelvo al Enclave, diciéndoles que Enthelion la irá a buscar cuando regrese.

Han pasado cuatro días y Enthelion acaba de llegar a la Aldea Rut’theran. Cuando llega al Barracón tras ir a recoger su nuevo sable, me informa de que la Horda ha retrocedido. En la ciudad está todo en calma, como de costumbre, y eso es cuanto él necesita. Se pasa una mano por el cabello, apartándoselo de la cara a la par que se lo ensucia de sangre. Se mira los guantes y se los quita con una mueca de desagrado.
- Me temo que necesito lavarme un poco- dice-. ¿Has oído los rumores sobre la Guardia de la Luna?
Me he perdido los rumores que decían que la Guardia de la Luna había hecho acto de presencia en Vallefresno. Se dirige hacia la charca, no sin darme antes sus guantes de cuero, llenos de sangre. El cuero hay que saber tratarlo para que no se estropee.
- A propósito, ¿has visto a mi hermana por allí?
- Había una Kaldorei aparte de mí en el búnker, nadie más- contesta.
Ha vuelto a desaparecer, a esfumarse en la nada…

Me dirijo hacia el Claro del Oráculo, en Teldrassil. Cerca de allí, yendo hacia el  este, hay un pequeño río que finaliza en el Lago Primigenio. Lavo los guantes antes de darme un baño, pero el río está plagado de elementales y no me van a dejar tranquila, así que me dirijo hacia la charca de la ciudad. Enthelion seguro que ha terminado.
Es más, me encuentro con él al poco de entrar a la ciudad. Descuelgo sus guantes del cinto y se los doy, aunque ni se para a examinarlos
- ¿Os han llegado nuevas de Vallefresno?
¿Qué nuevas nos van a llegar? Todo está parado. De un modo u otro, nuestra conversación vuelve a ir a parar al mismo sitio: Thoribas. Realmente, me pregunto lo mismo que él… Aún n osé ni por qué porta el puesto de Archidruida de los Centinelas.
- No le conozco lo suficiente- declara-, la única vez que le vi me denominó… ¿idiota?
¿Que le llamó qué? ¿Quién demonios se cree que es él para insultar a nadie? Esto ya se ha pasado de oscuro a… a… ¡a negro!

Una vez en la charca, me relajo sumergiéndome y pasando varios segundos bajo el agua. Mientras tanto, Enthelion me pone al corriente con lo que sucedió en Bosque del Ocaso. Encontraron restos de la Plaga, pero siguen sin dar con el principal motivo de lo que allí sucede. Siguen sin dar con nada porque los enviados no duran demasiado allí… no cuerdos. Además, el Alba de Plata ha tomado el control y ha cerrado el paso de los civiles.
Por fin hay alguien que hace algo mínimamente bien.

Cosa de dos

- Enthelion. Acata las ór-órdenes sin dudar la próxima vez.
¿Qué demonios habrá pasado entre Enthelion y Thoribas para que este último tartamudee? Me dejo caer en la cama, con el pelo suelto y ondulado por la trenza, dándole vueltas al tema. Empiezo a pensar que Thoribas no ha cambiado. En cierto modo siempre pareció tener él el poder al principio, cosa que después dejó pasar cuando se enteró de mi estado. Desapareció, y al volver se volvió a mostrar frío, distante… y sediento de poder.
El crujir del suelo llama mi atención, pues unos pasos se acercan hacia mí. Me pongo en pie y me dirijo hacia el Centinela, curiosa por saber qué le ha hecho. Dudo que una simple charla le haya hecho tartamudear. Aunque Thoribas no haya estado dispuesto a escucharle, yo sí, y con ganas de verle en acción, en el frente de batalla. Me da igual cual sea, pero tiene buenas cualidades.
- Ayer me llegaron noticias sobre el Bosque del Ocaso, bajo Elwynn- me dice.
Quiere pasarse por allí si no le necesito. Llegaron refugiados pidiendo asilo a Villa Oscura, y de ahí a Ventormenta. Dicen que se oyen extraños cánticos y que la gente enferma en el bosque. La vez que Thoribas y yo fuimos, ya hace algunos meses, los lugareños decían escuchar extrañas cosas. Posiblemente esté relacionado. Le dejo ir para que recoja toda la información al respecto que le sea posible, enviándomela por medio de una misiva.
- Si sucediera algo, te doy plena confianza para que hagas lo que creas más conveniente. Confío en que sabrás qué hacer.
Un voto de confianza. En parte irá bien. Si todo sigue igual y resulta ser útil para la Orden, quizás podría ser el nuevo Capitán de ésta.

——————-

He dormido casi sin problemas. Tan sólo he soñado con Erglath, con mi pequeño… Pero tarde o temprano hay que despertar, y qué mejor que hacerlo con Ash’Andu a mi lado, lamiéndome la mano. Me visto y me dirijo junto a ella al Barracón. Dejo que se quede sentada tomando el aire mientras me pongo a revisar una misiva de una recluta draenei. Alucino. De repente, un carraspeo me interrumpe. Thoribas mira de soslayo a Ash’Andu y le pregunto si está al tanto de lo que sucede en Villa Oscura tras acercarme. He decidido no dejarme llevar por la ira y la rabia, pero ya veremos cuánto soy capaz de aguantar así. En cuanto se entera de que Enthelion ha acudido en busca de información, tuerce el gesto.
- Las noticias no son demasiado alentadoras como para enviar a uno de los pocos efectivos que tenemos.
Menuda novedad, ¿acaso cree que no lo sé? De todos modos, él quería ir y yo tan sólo he aprovechado su viaje para mantenerme al tanto. Puedo darle la orden de retorno cuando quiera.
- Los ciudadanos del bosque han enfermado. Juraría que han trasladado a todos a Ventormenta y, los que no han enfermado, han perdido el uso de la razón. Eso último es lo que más me preocupa.
¿Que eso le preocupa? ¿Le preocupa que los humanos de Villa Oscura hayan perdido el uso de razón antes que lo sucedido en Vallefresno? Nosotros no podemos hacer nada, y la guerra de nuestros bosques se ha detenido para ser llevada a las Tierras Altas de Arathi. Estar parados es tontería.
- ¿Y volver locos, Dalria?- me pregunta-. Locos o enfermos, es una decisión un tanto extraña.
- No he dicho de ir a Villa Oscura, pero ir a Ventormenta e intentar indagar un poco más.
¿Qué mal podría hacernos investigar en la capital humana?

- ¿Acaso te has cansado de esto?- señala la ciudad con un gesto de cabeza.
Hay demasiada paz, demasiada tranquilidad… Y eso me inquieta, junto al no haber podido hacer nada por Vallefresno. Sigo sintiéndome impotente, y ver problemas y no hacer nada… me puede.
- Son SUS problemas, no los nuestros- me replica.
Por su parte, los Centinelas no tendrán actividad alguna en lo que sucede en Ventormenta y alrededores, sea lo que sea lo que esté sucediendo.
- Intenta decidir algo por ti misma de una vez, Dalria.
¿Que intente qué? Ambos tenemos el mismo poder, ¿pero de qué sirve si cada uno va por su lado en cuanto podríamos hablar las cosas y decidir algo entre nosotros? No sé si quiero llegar a entenderle.

Una grata sorpresa

Me había ido a la Atalaya de Maestra para ver cómo iban las cosas, pero todo sigue igual de tranquilo como la última vez que vine con Enthelion, a quien ascendí recientemente a Centinela. Por runa, Thoribas se había mostrado molesto ante tal acto, pero poco me importa. Regreso a la ciudad, al área de entrenamiento específicamente, para encontrarme con él. Cuando le encuentro y me saluda, tiene varios arañazos en la cara. Los acaricio con suavidad, pretendiendo no hacerle el más mínimo daño. ¿Thoribas? No, ni siquiera conoce a quien se lo hizo. Suspiro tras asegurarme de que se ha desinfectado las heridas, diciéndole que se presente ante el Archidruida en cuanto curen.
- ¿Me ha reclamado?- pregunta.
- No, pero para que al menos te conozca y se le bajen los humos.
Thoribas necesitaba entender de una vez que ambos liderábamos la Orden, que yo tenía tanto derecho como él a tomar mis decisiones. Me despido de él, no sin decirle antes que la Alianza está en tregua con la Horda aparentemente. No nos dará el territorio perdido, pero sin duda es mejor que perder el poco que nos queda; en eso coincido con el Kaldorei. Pero eso también significa otra cosa, no tenemos nada más que hacer por ahora. En Vallefresno ya no habrá ningún movimiento por parte de la Horda.
- ¿Te aposentarás en el Barracón?
¿Quedarme allí para ver al druida constantemente? No quiero perder la cordura aún más con él. Finalmente me pongo rumbo al Bancal de los Artesanos para ir a casa. Por fin podré descansar.

- Archidruida, ¿disponéis de un momento para hablar conmigo?
- Ahora no podrá ser, Centinela.
Carraspeo por runa al escuchar la respuesta de Thoribas y me dispongo a hablar.
- Thoribas, te agradecería que dispusieras de un pequeño momento para atender al Centinela Dath’anar Filo Sombrío. No te robará demasiado tiempo.
- Ya lo tengo delante, descuida- contesta Enthelion.
- ¿Delante? Estoy en Costa Oscura- le responde el druida.
¿Quién estará en el Barracón si no es él? Decido acercarme y echar un vistazo. Para mi sorpresa, el felino que hay en el Barracón se convierte en una elfa de piel blanquecina y cabellos níveos. Rápidamente me abalanzo sobre ella para abrazarla.
- ¡Nahim!
No he podido evitar el grito al ver a mi hermana. Hacía meses que no sabía nada de ella. Enthelion se aparta mientras nos mira y Nahim me pregunta si es mi marido, ante lo cual contengo la risa y le contesto que no.
- Entonces… ¿Thoribas es tu marido? Lo acaba de nombrar ese elfo- me dice.
Vuelvo a negar. No hay nada en el mundo que me hiciera desear casarme con él, ni siquiera cuando estaba enamorada.
- ¿Aún no te has casado? Deberías darte prisa, escuché que tienes un hijo.
¿Es que va a contar mi vida entera delante de Enthelion? Afortunadamente es avispado y nos deja a solas, pero ella ni siquiera espera a que se haya marchado hasta formular la próxima pregunta.
- ¿Cuánto tiempo ha tardado en abandonarte el padre?
- Se fue al norte sin saber que estaba encinta- le contesto-. Volvió y… desapareció otra vez, de modo que le doy por muerto ya.
- O quizá esté con otra- se encoge de hombros-. Alguien que desaparece así, de repente…

Cuando le pregunto que dónde ha estado todo este tiempo, me contesta simplemente que “por ahí”, sin darle demasiada importancia… del mismo modo en que me dice que ha tenido dos niñas semi-elfas y que Arcthor desapareció. Sabía que ese humano le daría problemas.
- Sigues igual que siempre. ¿Cuándo vas a hacer algo con ese pelo?
Noto su cambio de tema, no es algo de lo que ella quiera hablar, por lo que le sigo el juego y le pregunto a qué vienen las prisas por casarme. Estoy muy bien sola. Además, le recuerdo que Ayshlad desapareció y que para Thoribas tan sólo fui un juego. Realmente estoy bien tal y como estoy ahora. No, no sigo esperando a que Ayshlad regrese. No se lo merece. De repente, se aleja, despidiéndose como si nada hubiera sucedido.

Salgo del Barracón y me acerco a la orilla de las aguas de la ciudad. A mi paso, veo a Enthelion. Creo que ha escuchado la conversación, pero ahora tengo otras cosas en mente. Mientras tanto, escucho a Thoribas dándole órdenes al Centinela por runa.
- Espérame en la entrada de la ciudad, elfo.
- Todos tenemos un nombre, Conejito- le replico, llamándole como solía llamarle el gnomo.
Al cabo de un rato, oigo cómo le ordena de malas maneras que se largue. Ya ha terminado con mi paciencia. Su actitud es totalmente deprimente. Necesita tomarse un descanso y relajarse… por no decir que necesita desaparecer. Decido volverme al Barracón, anunciándoselo a Enthelion con un gruñido.

Nahim… ¿Qué ha pasado contigo? Ha cambiado, pero mis predicciones no iban equivocadas. Le avisé sobre Arcthor y me ignoró. Finalmente se encontró con lo que le dije.

Luz en la oscuridad

Miro hacia la cama vacía antes de desperezarme. Me lavo la cara y cojo una manzana de mi morral, comenzando a comérmela mientras la saboreo bien. Tras ello, le hago la cama al Kaldorei y miro a través de la ventana. Dijo que volvería antes de caer la noche cerrada y esta mañana ya no estaba. El atardecer cae imperceptiblemente sobre el oscuro cielo de Costa Oscura.
- Los movimientos de la Horda han cesado, y no cuentan con fuerzas suficientes para retomar Vallefresno.
Enthelion ya ha recibido la información que queríamos, perfecto. Pero, si la Horda no va a retomar Vallefresno… ¿Qué van a hacer? Y lo que es peor, ¿qué vamos a hacer nosotros ahora?
- Es cuanto YO os he dicho- salta Thoribas.
- Tenías razón, lo admito. ¿Algo más?- le contesto tras un suspiro. Realmente me pone enferma.
- Retira inmediatamente a sea quien sea que hayas mandado. Has reconocido tu error, ahora enméndalo.
¿Qué tiene Thoribas en la cabeza? No estamos en Vallefresno y lo sabe. Además, él no es absolutamente NADIE para ordenarme a mí NADA. Somos iguales, por más que él se proponga ser mi superior. Que le entre ya en la cabeza que no me voy a poner a hacer cuanto él quiera. Pudo dominarme al principio, pero ya no. Que aprenda cual es su lugar, pues yo ya he aprendido cual es el mío.

Me despierta un suave golpe. Alguien llama a la puerta. Me levanto, la abro un poco mientras me froto los ojos y la empujo suavemente para que Enthelion pueda pasar.
- ¿Te he despertado?- pregunta mientras me mira.
- No, descuida- miento.
Le miro mientras pasa al interior, cerrando la puerta al mismo tiempo que disfruto de su suave aroma. Sí, huele bien. No trae buenas noticias, ni tampoco por parte de Hoja de Ámbar, quienes no iban a aparecer. No hay nada que nosotros podamos hacer. Si quiere regresar a Darnassus, puede hacerlo libremente. Sin mobilización alguna de tropas, no hacemos nada en Auberdine. ¿Qué podíamos hacer, conocernos? No, quiero evitar volver a implicarme en amistad alguna con los miembros de la Orden, no quiero repetir lo sucedido con Thoribas. Con el tiempo, quizás. Por ahora, mejor así. Me sabe mal tener que ordenarle que se retire a la ciudad, pero es lo único que podemos hacer.
- Después de tanto tiempo, nos aplastan así, como si nuestra defensa hubiera sido siempre nula- desvía su mirada mientras habla, enojado.
- Estoy tan frustrada como tú, pero… Yo ya he perdido toda esperanza.
Jamás creí poder perderla, pero todo indicaba que Vallefresno ahora le pertenecía a la Horda a excepción de la Atalaya de Maestra. Rebusco en el armario algo de ropa para cambiarme antes de regresar a Darnassus. Él está delante, pero en este mismo momento me da igual. Me cambio de camisa y me pongo el tabardo de la Orden.

Cruzamos el muelle para coger el barco que nos lleva hasta la Aldea Rut’theran, en Teldrassil. Enthelion cree que me castigo a mí misma por recordarme una y otra vez que no hemos podido hacer absolutamente nada e insiste en que hemos hecho lo posible, pero deberíamos haber insistido más. Me aferro a una de las barandillas, clavando la mirada en el mar y la espuma que forma el barco en la superficie de éste. Una vez llegamos a Darnassus tras desembarcar, nos detenemos en los Jardines del Templo, frente al banco de la ciudad. Me gusta su confianza y se lo hago saber.
- Intento no dejarme amedrentar por palabras necias o cobardes, Dalria. No dejes que te confundan a ti.
Desgraciadamente, es todo cuanto Thoribas logra conmigo: confundirme. Al menos su esperanza no se apaga tan fugazmente como la mía y eso me incita a recobrar fuerzas. Es una suerte haber dado con él, en todos los aspectos. Tan sólo espero que sea bueno en el combate.
- Mi camino por hoy acaba aquí. Que Elune te guarde.
Me inclino levemente ante él, haciéndole una pequeña reverencia antes de marcharme. A pesar de no haber esperanzas ya, no todo está perdido.

- Estarás contento con los últimos acontecimientos, ¿no?- le pregunto a Thoribas-. Si nos necesitas, ya estamos en la ciudad.
- Podéis descansar tranquilos, no os necesitaré.
- Claro, olvidaba que eras autosuficiente, perdona.
- No entraré en tu juego de críos, Dalria.
Me tumbo sobre la cama tras ponerme algo más cómodo, tapándome con la fina sábana mientras dejo la runa bajo la almohada.

Siempre hay una débil luz que ilumina hasta las noches más oscuras, tan sólo hay que dar con ella en vez de quedarse a que ésta nos alcance.

Esperanza marchita

El tiempo transcurría lentamente, sin ninguna novedad respecto a nada. Thoribas seguía en las suyas. Una fuerte lluvia nos dejó a Enthelion y a mí sin poder acudir a Vallefresno, tal y como teníamos previsto. Aproveché para hablar un poco con él y comenzar a conocerle. Además, sentía curiosidad por el nombre que parecía reacio a utilizar, Dath’anar. Le dejé descansar tranquilamente en la cama, mientras yo recurría al rincón de siempre.

Le miro. Aún está dormido. Procuro no hacer ruido, pero de repente abre los ojos, adormilado. Afortunadamente no he sido yo quien le ha despertado, o eso dice él. Decido ir a darme un baño para refrescarme y terminar de despertarme. Afortunadamente, esta vez ha venido cuando ya me he vestido. Seguimos sin tener noticias de ningún movimiento por parte de la Horda, y tampoco sabemos si Hoja de Ámbar acudirá a la defensa de lo que resta de Vallefresno. No recuperaremos Astranaar, aunque la Horda no ataque. Nadie parece dispuesto a hacer nada, excepto Enthelion y yo, pero… ¿Qué podíamos hacer? Dos Kaldorei tendrían las de perder si intentaban nada.
- No van a hacer nada al respecto, Dalria. Cada día que pasa estoy más seguro de ello.
¿Qué podía pasar si terminaban con Vallefresno? Desde ahí tenían acceso a Costa Oscura, al puerto de Auberdine que les llevaba a Darnassus, al Exodar y a Ventormenta. ¿Acaso esperaban que se presentaran en las puertas de las capitales? De ser así, estaría todo perdido para la Alianza.
- Quizás Thoribas esté en lo cierto. Quizás… esté todo perdido y no seamos capaces de verlo- confieso-. Pero no quiero darme por vencida.
- Las fuerzas invasoras de la Horda no son mucho mayores que las nuestras. Han sido más listos, aunque mi orgullo me impida admitirlo.
Más me duele a mí admitir que Thoribas tiene razón, que está en lo cierto y que Vallefresno ya no nos pertenece más.

Finalmente me tumbo sobre la arena, acariciándola. Él ha apoyado un codo y se ha reclinado ligeramente. Clavo la mirada en el cielo, pensando en lo que Vallefresno significa no sólo para mí, si no para toda mi raza. ¿Pero qué podemos hacer si vuelven a atacar?
- Creo que nunca me había sentido tan… impotente- me sincero.
- Tendrás que volver a meterte en el agua si luego te tiras en la arena.
Noto su cambio de tema mientras me señala el pelo. Cojo un mechón, húmedo y lleno de arena. Bueno, no hay mal que por bien no venga, pero no puedo dejar de sentirme mal. Me siento culpable por la situación del bosque colindante a Costa Oscura, aunque soy consciente de que no tengo nada que ver. De lo que sí soy culpable es de no haber acudido antes a su defensa. Nos hemos puesto en contacto con quienes debíamos, hemos ido a Vallefresno… pero es como si no pasara nada. Sospecho que Enthelion, a pesar de no admitirlo, también ha perdido toda esperanza, pues no tiene argumento alguno para contradecirme. Lo que más me molesta es darle la razón a Thoribas.
- Rasganorte le ha cambiado mucho.
- Nada cambia a nadie, sólo lo destapa.
Miro brevemente al Kaldorei.
- Por mí ya puede quedarse en Darnassus el tiempo que quiera, y si regresara al norte sería incluso mejor.
Finalmente la ira hace mella en mí. No debería hablar así de un compañero, del superior de otras personas, de modo que me disculpo. Debo calmarme. Noto cómo sus dedos se enredan entre uno de mis mechones, limpiándomelo de arena, hasta que se levanta. Se pone en marcha, rumbo a Darnassus, para conseguir algo de información tras despedirnos.
- Albergo pocas esperanzas, para qué engañarme a mí mismo.

Sin esperanzas… ¿Qué nos queda?

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