Esperanza marchita

El tiempo transcurría lentamente, sin ninguna novedad respecto a nada. Thoribas seguía en las suyas. Una fuerte lluvia nos dejó a Enthelion y a mí sin poder acudir a Vallefresno, tal y como teníamos previsto. Aproveché para hablar un poco con él y comenzar a conocerle. Además, sentía curiosidad por el nombre que parecía reacio a utilizar, Dath’anar. Le dejé descansar tranquilamente en la cama, mientras yo recurría al rincón de siempre.

Le miro. Aún está dormido. Procuro no hacer ruido, pero de repente abre los ojos, adormilado. Afortunadamente no he sido yo quien le ha despertado, o eso dice él. Decido ir a darme un baño para refrescarme y terminar de despertarme. Afortunadamente, esta vez ha venido cuando ya me he vestido. Seguimos sin tener noticias de ningún movimiento por parte de la Horda, y tampoco sabemos si Hoja de Ámbar acudirá a la defensa de lo que resta de Vallefresno. No recuperaremos Astranaar, aunque la Horda no ataque. Nadie parece dispuesto a hacer nada, excepto Enthelion y yo, pero… ¿Qué podíamos hacer? Dos Kaldorei tendrían las de perder si intentaban nada.
- No van a hacer nada al respecto, Dalria. Cada día que pasa estoy más seguro de ello.
¿Qué podía pasar si terminaban con Vallefresno? Desde ahí tenían acceso a Costa Oscura, al puerto de Auberdine que les llevaba a Darnassus, al Exodar y a Ventormenta. ¿Acaso esperaban que se presentaran en las puertas de las capitales? De ser así, estaría todo perdido para la Alianza.
- Quizás Thoribas esté en lo cierto. Quizás… esté todo perdido y no seamos capaces de verlo- confieso-. Pero no quiero darme por vencida.
- Las fuerzas invasoras de la Horda no son mucho mayores que las nuestras. Han sido más listos, aunque mi orgullo me impida admitirlo.
Más me duele a mí admitir que Thoribas tiene razón, que está en lo cierto y que Vallefresno ya no nos pertenece más.

Finalmente me tumbo sobre la arena, acariciándola. Él ha apoyado un codo y se ha reclinado ligeramente. Clavo la mirada en el cielo, pensando en lo que Vallefresno significa no sólo para mí, si no para toda mi raza. ¿Pero qué podemos hacer si vuelven a atacar?
- Creo que nunca me había sentido tan… impotente- me sincero.
- Tendrás que volver a meterte en el agua si luego te tiras en la arena.
Noto su cambio de tema mientras me señala el pelo. Cojo un mechón, húmedo y lleno de arena. Bueno, no hay mal que por bien no venga, pero no puedo dejar de sentirme mal. Me siento culpable por la situación del bosque colindante a Costa Oscura, aunque soy consciente de que no tengo nada que ver. De lo que sí soy culpable es de no haber acudido antes a su defensa. Nos hemos puesto en contacto con quienes debíamos, hemos ido a Vallefresno… pero es como si no pasara nada. Sospecho que Enthelion, a pesar de no admitirlo, también ha perdido toda esperanza, pues no tiene argumento alguno para contradecirme. Lo que más me molesta es darle la razón a Thoribas.
- Rasganorte le ha cambiado mucho.
- Nada cambia a nadie, sólo lo destapa.
Miro brevemente al Kaldorei.
- Por mí ya puede quedarse en Darnassus el tiempo que quiera, y si regresara al norte sería incluso mejor.
Finalmente la ira hace mella en mí. No debería hablar así de un compañero, del superior de otras personas, de modo que me disculpo. Debo calmarme. Noto cómo sus dedos se enredan entre uno de mis mechones, limpiándomelo de arena, hasta que se levanta. Se pone en marcha, rumbo a Darnassus, para conseguir algo de información tras despedirnos.
- Albergo pocas esperanzas, para qué engañarme a mí mismo.

Sin esperanzas… ¿Qué nos queda?

Advertisement

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.