Una grata sorpresa

Me había ido a la Atalaya de Maestra para ver cómo iban las cosas, pero todo sigue igual de tranquilo como la última vez que vine con Enthelion, a quien ascendí recientemente a Centinela. Por runa, Thoribas se había mostrado molesto ante tal acto, pero poco me importa. Regreso a la ciudad, al área de entrenamiento específicamente, para encontrarme con él. Cuando le encuentro y me saluda, tiene varios arañazos en la cara. Los acaricio con suavidad, pretendiendo no hacerle el más mínimo daño. ¿Thoribas? No, ni siquiera conoce a quien se lo hizo. Suspiro tras asegurarme de que se ha desinfectado las heridas, diciéndole que se presente ante el Archidruida en cuanto curen.
- ¿Me ha reclamado?- pregunta.
- No, pero para que al menos te conozca y se le bajen los humos.
Thoribas necesitaba entender de una vez que ambos liderábamos la Orden, que yo tenía tanto derecho como él a tomar mis decisiones. Me despido de él, no sin decirle antes que la Alianza está en tregua con la Horda aparentemente. No nos dará el territorio perdido, pero sin duda es mejor que perder el poco que nos queda; en eso coincido con el Kaldorei. Pero eso también significa otra cosa, no tenemos nada más que hacer por ahora. En Vallefresno ya no habrá ningún movimiento por parte de la Horda.
- ¿Te aposentarás en el Barracón?
¿Quedarme allí para ver al druida constantemente? No quiero perder la cordura aún más con él. Finalmente me pongo rumbo al Bancal de los Artesanos para ir a casa. Por fin podré descansar.

- Archidruida, ¿disponéis de un momento para hablar conmigo?
- Ahora no podrá ser, Centinela.
Carraspeo por runa al escuchar la respuesta de Thoribas y me dispongo a hablar.
- Thoribas, te agradecería que dispusieras de un pequeño momento para atender al Centinela Dath’anar Filo Sombrío. No te robará demasiado tiempo.
- Ya lo tengo delante, descuida- contesta Enthelion.
- ¿Delante? Estoy en Costa Oscura- le responde el druida.
¿Quién estará en el Barracón si no es él? Decido acercarme y echar un vistazo. Para mi sorpresa, el felino que hay en el Barracón se convierte en una elfa de piel blanquecina y cabellos níveos. Rápidamente me abalanzo sobre ella para abrazarla.
- ¡Nahim!
No he podido evitar el grito al ver a mi hermana. Hacía meses que no sabía nada de ella. Enthelion se aparta mientras nos mira y Nahim me pregunta si es mi marido, ante lo cual contengo la risa y le contesto que no.
- Entonces… ¿Thoribas es tu marido? Lo acaba de nombrar ese elfo- me dice.
Vuelvo a negar. No hay nada en el mundo que me hiciera desear casarme con él, ni siquiera cuando estaba enamorada.
- ¿Aún no te has casado? Deberías darte prisa, escuché que tienes un hijo.
¿Es que va a contar mi vida entera delante de Enthelion? Afortunadamente es avispado y nos deja a solas, pero ella ni siquiera espera a que se haya marchado hasta formular la próxima pregunta.
- ¿Cuánto tiempo ha tardado en abandonarte el padre?
- Se fue al norte sin saber que estaba encinta- le contesto-. Volvió y… desapareció otra vez, de modo que le doy por muerto ya.
- O quizá esté con otra- se encoge de hombros-. Alguien que desaparece así, de repente…

Cuando le pregunto que dónde ha estado todo este tiempo, me contesta simplemente que “por ahí”, sin darle demasiada importancia… del mismo modo en que me dice que ha tenido dos niñas semi-elfas y que Arcthor desapareció. Sabía que ese humano le daría problemas.
- Sigues igual que siempre. ¿Cuándo vas a hacer algo con ese pelo?
Noto su cambio de tema, no es algo de lo que ella quiera hablar, por lo que le sigo el juego y le pregunto a qué vienen las prisas por casarme. Estoy muy bien sola. Además, le recuerdo que Ayshlad desapareció y que para Thoribas tan sólo fui un juego. Realmente estoy bien tal y como estoy ahora. No, no sigo esperando a que Ayshlad regrese. No se lo merece. De repente, se aleja, despidiéndose como si nada hubiera sucedido.

Salgo del Barracón y me acerco a la orilla de las aguas de la ciudad. A mi paso, veo a Enthelion. Creo que ha escuchado la conversación, pero ahora tengo otras cosas en mente. Mientras tanto, escucho a Thoribas dándole órdenes al Centinela por runa.
- Espérame en la entrada de la ciudad, elfo.
- Todos tenemos un nombre, Conejito- le replico, llamándole como solía llamarle el gnomo.
Al cabo de un rato, oigo cómo le ordena de malas maneras que se largue. Ya ha terminado con mi paciencia. Su actitud es totalmente deprimente. Necesita tomarse un descanso y relajarse… por no decir que necesita desaparecer. Decido volverme al Barracón, anunciándoselo a Enthelion con un gruñido.

Nahim… ¿Qué ha pasado contigo? Ha cambiado, pero mis predicciones no iban equivocadas. Le avisé sobre Arcthor y me ignoró. Finalmente se encontró con lo que le dije.

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