- Enthelion. Acata las ór-órdenes sin dudar la próxima vez.
¿Qué demonios habrá pasado entre Enthelion y Thoribas para que este último tartamudee? Me dejo caer en la cama, con el pelo suelto y ondulado por la trenza, dándole vueltas al tema. Empiezo a pensar que Thoribas no ha cambiado. En cierto modo siempre pareció tener él el poder al principio, cosa que después dejó pasar cuando se enteró de mi estado. Desapareció, y al volver se volvió a mostrar frío, distante… y sediento de poder.
El crujir del suelo llama mi atención, pues unos pasos se acercan hacia mí. Me pongo en pie y me dirijo hacia el Centinela, curiosa por saber qué le ha hecho. Dudo que una simple charla le haya hecho tartamudear. Aunque Thoribas no haya estado dispuesto a escucharle, yo sí, y con ganas de verle en acción, en el frente de batalla. Me da igual cual sea, pero tiene buenas cualidades.
- Ayer me llegaron noticias sobre el Bosque del Ocaso, bajo Elwynn- me dice.
Quiere pasarse por allí si no le necesito. Llegaron refugiados pidiendo asilo a Villa Oscura, y de ahí a Ventormenta. Dicen que se oyen extraños cánticos y que la gente enferma en el bosque. La vez que Thoribas y yo fuimos, ya hace algunos meses, los lugareños decían escuchar extrañas cosas. Posiblemente esté relacionado. Le dejo ir para que recoja toda la información al respecto que le sea posible, enviándomela por medio de una misiva.
- Si sucediera algo, te doy plena confianza para que hagas lo que creas más conveniente. Confío en que sabrás qué hacer.
Un voto de confianza. En parte irá bien. Si todo sigue igual y resulta ser útil para la Orden, quizás podría ser el nuevo Capitán de ésta.
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He dormido casi sin problemas. Tan sólo he soñado con Erglath, con mi pequeño… Pero tarde o temprano hay que despertar, y qué mejor que hacerlo con Ash’Andu a mi lado, lamiéndome la mano. Me visto y me dirijo junto a ella al Barracón. Dejo que se quede sentada tomando el aire mientras me pongo a revisar una misiva de una recluta draenei. Alucino. De repente, un carraspeo me interrumpe. Thoribas mira de soslayo a Ash’Andu y le pregunto si está al tanto de lo que sucede en Villa Oscura tras acercarme. He decidido no dejarme llevar por la ira y la rabia, pero ya veremos cuánto soy capaz de aguantar así. En cuanto se entera de que Enthelion ha acudido en busca de información, tuerce el gesto.
- Las noticias no son demasiado alentadoras como para enviar a uno de los pocos efectivos que tenemos.
Menuda novedad, ¿acaso cree que no lo sé? De todos modos, él quería ir y yo tan sólo he aprovechado su viaje para mantenerme al tanto. Puedo darle la orden de retorno cuando quiera.
- Los ciudadanos del bosque han enfermado. Juraría que han trasladado a todos a Ventormenta y, los que no han enfermado, han perdido el uso de la razón. Eso último es lo que más me preocupa.
¿Que eso le preocupa? ¿Le preocupa que los humanos de Villa Oscura hayan perdido el uso de razón antes que lo sucedido en Vallefresno? Nosotros no podemos hacer nada, y la guerra de nuestros bosques se ha detenido para ser llevada a las Tierras Altas de Arathi. Estar parados es tontería.
- ¿Y volver locos, Dalria?- me pregunta-. Locos o enfermos, es una decisión un tanto extraña.
- No he dicho de ir a Villa Oscura, pero ir a Ventormenta e intentar indagar un poco más.
¿Qué mal podría hacernos investigar en la capital humana?
- ¿Acaso te has cansado de esto?- señala la ciudad con un gesto de cabeza.
Hay demasiada paz, demasiada tranquilidad… Y eso me inquieta, junto al no haber podido hacer nada por Vallefresno. Sigo sintiéndome impotente, y ver problemas y no hacer nada… me puede.
- Son SUS problemas, no los nuestros- me replica.
Por su parte, los Centinelas no tendrán actividad alguna en lo que sucede en Ventormenta y alrededores, sea lo que sea lo que esté sucediendo.
- Intenta decidir algo por ti misma de una vez, Dalria.
¿Que intente qué? Ambos tenemos el mismo poder, ¿pero de qué sirve si cada uno va por su lado en cuanto podríamos hablar las cosas y decidir algo entre nosotros? No sé si quiero llegar a entenderle.