Idiota

Han pasado unos cuantos días desde que Enthelion partió a Villa Oscura para ver qué sucedía. Después de recoger un sobre del buzón, subo al Barracón para abrirlo y leerlo. Es de él.

Saludos, Dalria.
Los campesinos siguen yendo camino a Ventormenta, aterrorizados. La voz suena en su cabeza, hay algún enfermo más y el miedo invade a cada persona que aquí se encuentra, no se salva nadie. De momento están llegando distintas congregaciones e individuos independientes con el fin de destapar el misterio, estaré atento a cada noticia. Nunca he visto nada igual.
Que Elune ilumine tu camino, Dalria.

Decido sacar la runa de mi bolsillo y ver cómo se encuentra, asegurándole de que pondré a Thoribas al día con la misiva que me ha enviado. Es un buen chico, no me perdonaría no retirarle a tiempo de allí si algo le sucediera. Realmente me inquieta lo que allí sucede, pero aunque fuera no serviría de nada.

———————–

Ahora está en Dun Morogh. La Horda ha atacado a los enanos y él ha decidido ayudar. Parecen haber retrocedido por el momento, pero se espera que estén recuperados para dentro de cinco días. Le han ofrecido volver a su hogar hasta entonces, y si esta noche sigue en orden, regresará para descansar unos días.
– Abatieron mi sable cuando me dirigía a Thelsamar- me dice.
Me ofrezco para conseguirle uno, y accede tras decirme que compruebe que sea fuerte. En el Enclave Cenarion observo los que hay y me fijo en una preciosidad de pelaje blanco, fuertes patas y buenos colmillos. Estoy segura de que le gustará y, de no ser así, es que no tiene buen gusto para los sables. La monto durante un rato y la pongo a prueba. Es ágil y dócil también. Simplemente, perfecta. La devuelvo al Enclave, diciéndoles que Enthelion la irá a buscar cuando regrese.

Han pasado cuatro días y Enthelion acaba de llegar a la Aldea Rut’theran. Cuando llega al Barracón tras ir a recoger su nuevo sable, me informa de que la Horda ha retrocedido. En la ciudad está todo en calma, como de costumbre, y eso es cuanto él necesita. Se pasa una mano por el cabello, apartándoselo de la cara a la par que se lo ensucia de sangre. Se mira los guantes y se los quita con una mueca de desagrado.
- Me temo que necesito lavarme un poco- dice-. ¿Has oído los rumores sobre la Guardia de la Luna?
Me he perdido los rumores que decían que la Guardia de la Luna había hecho acto de presencia en Vallefresno. Se dirige hacia la charca, no sin darme antes sus guantes de cuero, llenos de sangre. El cuero hay que saber tratarlo para que no se estropee.
- A propósito, ¿has visto a mi hermana por allí?
- Había una Kaldorei aparte de mí en el búnker, nadie más- contesta.
Ha vuelto a desaparecer, a esfumarse en la nada…

Me dirijo hacia el Claro del Oráculo, en Teldrassil. Cerca de allí, yendo hacia el  este, hay un pequeño río que finaliza en el Lago Primigenio. Lavo los guantes antes de darme un baño, pero el río está plagado de elementales y no me van a dejar tranquila, así que me dirijo hacia la charca de la ciudad. Enthelion seguro que ha terminado.
Es más, me encuentro con él al poco de entrar a la ciudad. Descuelgo sus guantes del cinto y se los doy, aunque ni se para a examinarlos
- ¿Os han llegado nuevas de Vallefresno?
¿Qué nuevas nos van a llegar? Todo está parado. De un modo u otro, nuestra conversación vuelve a ir a parar al mismo sitio: Thoribas. Realmente, me pregunto lo mismo que él… Aún n osé ni por qué porta el puesto de Archidruida de los Centinelas.
- No le conozco lo suficiente- declara-, la única vez que le vi me denominó… ¿idiota?
¿Que le llamó qué? ¿Quién demonios se cree que es él para insultar a nadie? Esto ya se ha pasado de oscuro a… a… ¡a negro!

Una vez en la charca, me relajo sumergiéndome y pasando varios segundos bajo el agua. Mientras tanto, Enthelion me pone al corriente con lo que sucedió en Bosque del Ocaso. Encontraron restos de la Plaga, pero siguen sin dar con el principal motivo de lo que allí sucede. Siguen sin dar con nada porque los enviados no duran demasiado allí… no cuerdos. Además, el Alba de Plata ha tomado el control y ha cerrado el paso de los civiles.
Por fin hay alguien que hace algo mínimamente bien.

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