Añicos

Las últimas horas de sol me acompañan mientras me baño, colándose entre las frondosas copas de los árboles y sus ramas. Al menos aquí no tiene que pelear con las nubes por ver quién se interpone, siendo una clara derrota para él. Las últimas gotas de agua desaparecen de mi cuerpo lentamente tras mi baño. Todo está en calma, en un silencio aparentemente inquebrantable. Pero la tranquilidad nunca es duradera, ¿qué será lo que la rompa?
Enthelion se acerca, siempre propenso a pillarme en mitad de mis baños. Me recoloco la toalla, cogiendo la ropa seca y yéndome tras el gigantesco tronco caído para cambiarme, avergonzada. Entretanto, le pregunto a Thoribas, quien se halla en Dolanaar, si ha escuchado los rumores respecto a la Guardia de la Luna. No puedo evitar estar en todo, tenerlo todo en mente y bien presente. Esto me ha servido únicamente para ver que está al día y que sabe, como Enthelion y yo, que es un falso rumor.

- ¿Te ocurre algo, Dalria?- dice Enthelion, interrumpiendo mis pensamientos.
Aún sigo creyendo que podríamos haber hecho algo por Astranaar, aunque él prefiere que deje de darle vueltas. Irme un par de días a Ventormenta para ponerme al día respecto a Villa Oscura no le parece una buena idea, puesto que se están ocupando ya de ello.
- No deberías inmiscuirte en ese tema, créeme.
Hay demasiada paz, demasiada calma… Normalmente me gusta, pero no ahora, no tras lo acaecido en Vallefresno, en Dun Morogh, en Villa Oscura… Pero creo que sabré aprovecharla. Ya que no hay nada que pueda hacer aquí y en Darnassus tan sólo pierdo el tiempo, dejo que Thoribas se encargue en mi ausencia. Voy a aprovechar para hacer algo que llevo tiemmpo deseando; dar con mi hijo.
- Tengo… un asunto pendiente aún, así que me pondré con ello- le anuncio a Enthelion, poniéndome en pie y acercándome a mi sable.
- ¿Quieres que te acompañe, Dalria?
- No, es algo… personal.
No quiero que nadie más se inmiscuya en nada personal, no quiero volver a pasar por algo como el engaño de Thoribas. Partiré de inmediato, y no sé cuánto tardaré, pero espero que me avisen si se me necesitara. Al menos, ésa es mi orden.
- No recorras las calles cuando anochezca- me advierte, sonriendo irónico-. Humanos, enanos y alcohol. Mala combinación, créeme.
Eso me ha recordado algo que preferiría haber olvidado.

Finalmente pongo rumbo a Rut’theran, para allí coger el barco que me llevará a Auberdine. Una vez allí… No sé adónde ir, pero será mejor coger el barco a Ventormenta y, después, el tranvía subterráneo a Forjaz. Quizás allí sepan algo. Una vez llega el barco al muelle de Rut’theran, veo cómo un elfo de cabellos verdes y ojos ambarinos desembarca, portando en sus brazos una especie de paquete envuelto en una tela. Tras él, una Centinela le acompaña, deteniéndose frente a mí.
- ¿Dalria Brisa Nocturna?- me pregunta la Centinela.
Asiento, mientras ambos Kaldorei se inclinan ante mí y él se acerca. Presiento que son malas noticias lo que van a darme.
- Señora, Jedern para serviros- se presenta-. Hemos hallado el cuerpo de vuestro hijo en Canción del Bosque.
Mi corazón parece haberse detenido. Jedern, el Kaldorei, destapa ligeramente el cuerpecito de Erglath, volviéndolo a cubrir con la tela cuando veo su pequeño rostro. Acto seguido, me entrega una nota, que dice  haber encontrado cerca del cuerpo.
Hijo de Dalria Brisa Nocturna

Procuré no derrumbarme ante la sensación de vacío que me invadía, ante el terror. Jedern se encargará del cuerpo hasta que lo haya preparado todo para enterrarle, así que me dirijo rápidamente hacia el Barracón para desahogarme un poco. Me tumbo en la cama, cerrando los ojos con fuerza. Ahora tan sólo quiero oír su voz, estar a su lado, que me rodee con sus brazos aunque sea una mentira.
- Thoribas, ¿estás…?- soy hasta incapaz de usar la runa, pero respiro hondo mientras intento contenerme-. ¿Estás disponible?
– Estoy en Dolanaar, ya te lo he dicho. En cuanto acabe estaré disponible.
- Es… Es Erglath, Thor.
– ¿Ha vuelto? Vaya, parece que se ha dignado a aparecer. Dile que no se moleste en volver a darme la…
– Acaban de traer su… su cadáver en el barco para…
Me siento incapaz de seguir. Me falta el aire, la sala empieza a dar vueltas a mi alrededor y tengo el rostro empapado en lágrimas. Todo mi embarazo, el parto y lo poco que estuve con mi pequeño… todos los recuerdos que guardo de él vuelven a mi mente, haciendo que mi llanto se intensifique.
- Lo siento- murmura el Archidruida.
A pesar de que le digo dónde me encuentro, no va a venir. Me envía a hablar con Jenal, el enterrador de la ciudad, pero ahora mismo no me veo con ánimos. Enthelion se ofrece, pero les digo a ambos que tan sólo necesito un rato para reponerme. ¿Realmente se me pasará en un rato?

Mi corazón parece haberse resquebrajado, congelado, hecho añicos… Todo por cuanto quería luchar, todo cuanto quería hallar para cuidarle, quien se había convertido en el centro de mi propia existencia aunque no me hubiera dado cuenta… Ya no estaba.

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